DANIEL DIAZ. 9 de Julio. Enviado especial.
Esta es la foto", repetía una y otra vez Víctor Trucco, señalando las gradas donde los asistentes a la jornada observaban una calicata efectuada en el lote El Santuario, una parcela que ya lleva 100 años de clausura. Es que la escena tenía el mismo final. Luego de la explicación de los técnicos, la gente aplaudía. "Este suelo virgen, con un 8% de materia orgánica y un pH cercano a 8, nos está indicando cuál es el camino a seguir en siembra directa", enfatizaba el titular de Aapresid.
Esta fue la segunda reunión organizada este año por la entidad. La primera había sido el 14 de junio en la estancia La Unión de la familia Chediack, en Venado Tuerto, Santa Fe. Esta vez le tocó el turno a Buenos Aires, más concretamente a la estancia La Corona, de la familia Henderson. Unas 4.619 hectáreas ubicada en 9 de Julio. Los organizadores armaron dos circuitos para apreciar las características de manejo y gerenciamiento del establecimiento: uno agrícola (ver Los terceros...) y otro lechero (ver Con el...).
"Llevamos ya 125 años en la administración de estas tierras", había adelantado Alistair "Ali" Henderson en el reportaje que le concedió a Clarín Rural en su edición del 9 de setiembre.
A lo largo de este camino, este fiel exponente de la inmigración escocesa en el país condujo las innovaciones que se produjeron desde lo productivo hasta lo organizacional, "siempre buscando la máxima productividad y el mejoramiento del suelo", según dijo. La adopción de la siembra directa, la reasignación de actividades ganaderas, pasando de la cría al tambo, el aumento de la superficie agrícola y la tercerización de tareas con mantenimiento de maquinaria, avalan la capacidad de reacción de La Corona.
El campo de los Henderson propuso, además, la posibilidad de ver cómo evolucionan los suelos en diferentes años en directa. Había dos lotes con cuatro y diez años, respectivamente. Y luego la comparación con el suelo virgen de El Santuario, una parcela de 60 hectáreas, cerradas hace cien años por John Campbell, el bisabuelo escocés que inició la saga familiar en 1875.
"La fundamental diferencia que observamos en los lotes con distinta antigüedad en directa está relacionada con la mejora física de los suelos, ligada a la biología y, obviamente, a la acción de las lombrices", explicaba a los asistentes Walter Paganti, asesor técnico del establecimiento.
Tanta es la importancia de la acción de las lombrices que señaló: "Analizando la disponibilidad de fósforo asimilable, en el mismo lote, a partir de las excretas de las lombrices, pasó de 16 partes por millón a 76 partes por millón".
Respecto de este último dato, Henderson recordó que en su visita al establecimiento la doctora Jill Clapperton (Lethbrige Research-Canadá) le aseguró que "considerando el número de años en directa que tienen estos suelos y la elevada población de lombrices, puedo estimar sin demasiado error que los 20 primeros centímetros de este suelo han pasado por el tracto digestivo de las lombrices".
En la recorrida, Paganti apuntó otros beneficios de la directa. "Con el paso de los años, se verifica una mayor cantidad de rastrojos y, por lo tanto, mayor cantidad de humus y se eleva la concentración de cationes como el calcio." Para el especialista, esto último está asociado a la nutrición del suelo, en la que intervienen lombrices, microrrizas, etcétera.
¿Qué sucede con estos suelos en el tiempo? "En principio, aumentan su capacidad de retención de agua y se verifica una disminución en las necesidades de fertilización nitrogenada."
Al respecto, comentó que hubo lotes que en las recomendaciones de fertilización del laboratorio señalaban 0 de urea "y se obtuvieron rindes de 8.800 a 9.000 kilos de maíz".
Cuando se le preguntó a Henderson cuál será el futuro del planteo en La Corona respondió: "Crecer en agricultura en campos de terceros e intensificar el uso de los mercados de futuros y opciones".
Fuente: http://edant.clarin.com/suplementos/rural/2000/10/28/r-00601.htm